La frialdad y tranquilidad con la que Aíto hablaba a sus jugadores fue muy reveladora. Después de este tiempo muerto, Unicaja remontó el partido que tenía muy cuesta arriba.
Mostrar tranquilidad sin que la frialdad traslade una distancia insalvable ni signifique falta de implicación, me parece un reto tremendo que Aíto consigue en base a su lenguaje corporal, la profundidad de la mirada y la sencillez de sus argumentos.
Nosotros los entrenadores, deberíamos reflexionar sobre cómo afrontar un tiempo muerto, en algún momento adverso, de tensión o nerviosismo, que no estaría de más, que nos enseñaran en los Cursos de Entrenadores.
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